¿EXISTIÓ EL REY ARTURO?

LA MESA REDONDA ¿FICCIÓN O REALIDAD?

Héroe de la resistencia celta a la invasión anglosajona, el Rey Arturo es el personaje que inspira los más bellos relatos de los poetas medievales. Decenas de autores participan en la elaboración del ciclo arturiano. Sin embargo, el gran rey ¿es sólo un personaje de leyenda o realmente cortó algunas cabezas sajonas con su famosa espada Excalibur?

Poco después que los Romanos dejaron Gran Bretaña, los celtas, abandonados a su destino, se organizaron en una multiplicidad de reinos que pronto se querellan entre sí. Según las crónicas, uno de esos reinos es gobernado por el rey Uther Pendragon. Gracias a la astucia de su druida Merlín, Uther logra abusar de la mujer de uno de sus enemigos, la bellísima Igraine.

Nueve meses más tarde nace Arturo, quien es educado por Merlín. Ya adolescente, Arturo revela su sangre real logrando zafar sin dificultad de la roca la maravillosa espada Excalibur, une los reinos de Inglaterra y hace retroceder al invasor sajón, persiguiéndolo hasta el continente. Junto a su mujer Gueniévre, ejerce su reinado en la magnífica ciudad de Camelot, donde reúne alrededor de una inmensa mesa redonda a formidables caballeros; Gauvain, Kay, Percifal, Lancelot, Tristán… Sin embargo, sin saberlo, tuvo un hijo de su media hermana, el hada Morgana. Este hijo, Mordred, vuelve un día a la corte del rey y reivindica la corona. Ambos hombres se matan entre sí y Arturo agonizante ordena arrojar su espada a un lago: la espada mágica es entregada al hada Viviana, la “Dama del Lago”, que crió a Lancelot y embrujó a Merlín…

MITOS

Los autores medievales se esfuerzan, a veces torpemente, por dar al relato un toque moralista, propio del mundo cristiano. A fines de la Edad Media, los héroes sensuales y violentos de la tradición celta se vuelven piadosos y virtuosos, casi insulsos.

“EL MITO MEDIEVAL

Entre los más bellos relatos del ciclo arturiano, las novelas de Chrétien de Troyes en el siglo XII ilustran la adaptación de la leyenda celta en el mundo medieval. El Caballero de la carreta(Lancelot del lago) pone en escena una corte de costumbres refinadas donde se proclaman los valores de la moral cristiana. El misterioso Caballero, que ha venido a interrumpir el festín y a desafiar al Rey Arturo, no es otro que el Mordred de la tradición celta.

“El Rey Arturo tuvo una corte magnífica, digna de un rey. Después del festín, permaneció entre sus compañeros. La habitación estaba llena de barones. Además de su Asamblea estaba presente la reina Gueniévre y según tengo la sospecha, había bellas damas cortesanas que por lo general hablaban muy bien el francés. En cuanto a Kay el mayordomo, había dirigido el servicio de las mesas y a su vez comía con los servidores. En ese momento llegó a la corte un Caballero muy bien preparado para el combate, armado de pies a cabeza. Así equipado, avanzó bajo la mirada del rey que se encontraba sentado en medio de sus barones:

-Rey Arturo, le dijo sin saludarle antes, tengo cautivos a muchos caballeros, damas y doncellas que pertenecen a tu tierra y a tu hogar. Sin embargo, no traigo noticias de ellos con la intención de devolvértelos. Por el contrario: quiero advertirte que tu fuerza y tu oro no son suficientes para recuperarlos. Quiero que sepas que morirás sin haber podido socorrerlos”.

Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos de adaptación, se mantiene el carácter maravilloso del mito celta: el druida Merlín cabalgando sobre el soplo del Dragón, fuente del mundo; los juramentos hechos en Stonehenge, las intervenciones de los espíritus del bosque y de las aguas conservan toda su fuerza poética aún en plena época cristiana.

LEYENDAS

DE JEFE GUERRERO A REY

El primer autor en evocar a Arturo es el historiador Nennius, en su historia de los Bretones redactada en el año 826, pero inspirada por un relato que se remonta a una época muy anterior. Nennius habla de Arturo como de un “dux bellorum”, es decir, un jefe guerrero independiente designado por reyes que deben unirse, pero no aceptan que uno de ellos tome el mando.

La necesidad de tal unión se explica por la imprudencia del rey Guthrigen, quien pide en el año 449 a los sajones que combatan junto a él contra otros invasores bárbaros: los sajones aceptan y luego se vuelven contra Guthrigen. Entonces, para evitar ser aniquilados, los celtas se unen a Arturo. A partir del año 456 se libran numerosas batallas, hasta la gran victoria de Badon Hill situada en el año 518 por un texto de fines del siglo X, los Anales galeses(995). Estos mismos anales ubican la muerte de Arturo en Camlann en el año 529: para ese entonces habría tenido más de 90 años.

Geffroi de Monmouth, autor de una Historia de los Reyes de Gran Bretaña, escrita en el año 1136, desarrolla realmente las hazañas de Armen. Hace de él un rey, introduce en su relato al fabuloso personaje Merlín y ubica todos los elementos que inspirarán a los poetas. Durante mucho tiempo, los autores ingleses consideraron su Historia una obra de referencia: aún en el siglo XIV, Ranuph Higden no comprende cómo los historiadores continentales pueden ignorar todo acerca de la incursión de Arturo hasta Roma.

REY ARTURO

“PRUEBAS” NO DEL TODO CONVINCENTES

Aún existen muchas de las ciudades evocadas en el ciclo arturiano, las ruinas del castillo de Tintagel donde, según cuenta la leyenda, Igraine trajo al mundo a Arturo, se levantan en un pequeño promontorio mirando al océano, al norte de Cornualles, el edificio data, sin duda, del período involucrado, sus muros fueron construidos con lajas de pizarra unidas por mortero y un torreón de piedra aún sigue de pie.

También se ha conservado a través de los siglos una mesa redonda que durante mucho tiempo se consideraba como una prueba de la existencia de Arturo. Es un disco de roble de 6 m de diámetro, expuesto en el castillo de Winchester. Sin embargo, los análisis demostraron que la mesa data en realidad del siglo XII y que fue repintada en el siglo XVI, bajo Enrique VIII. Glastonbury, al sur de Bristol, en el Somerset, es otra etapa ineludible de la “arturología”.

En 1911, los monjes de la abadía declaran haber encontrado en ese lugar los cuerpos de Arturo y de Gueniévre. El hecho provocó gran conmoción y los dos supuestos soberanos tuvieron derecho a nuevos y grandiosos funerales. Aún podemos ver las modernas baldosas, al centro de un prado en medio de las ruinas de la abadía.

¿Cómo pudieron los monjes identificar las osamentas de Arturo, 5 siglos después de su muerte? “Gracias a su noble estatura”, responden… Respuesta que, evidentemente, no garantiza la autenticidad de los cadáveres.

HOMERO

UNA POSIBILIDAD HISTÓRICA

Numerosos historiadores han intentado ubicar Camelot, la capital de Arturo, cuyo nombre proviene probablemente de Camulos, dios celta de la guerra. Se ha situado a Camelot en Cornualles, en el Somerset o en el país de Gales. Sin embargo, lo más seguro es situar la ciudad que inspiró a la leyenda en Devonshire.

Los arqueólogos encontraron en Cadbury los vestigios de poderosas fortificaciones circulares, restos de la más importante plaza fortificada de esa época que haya sido descubierta. Si un rey luchaba efectivamente en esta época contra el invasor, es lógico que Cadbury haya sido su capital. Entonces, ¿existió Arturo? No hay dudas que a fines del siglo VI las invasiones sajonas, fueron efectivamente frenadas y repelidas durante un tiempo. Para obtener dicho resultado fue necesario, ante todo, la alianza de los numerosos y beligerantes reyes celtas. Para mantenerse, esta alianza debía tener un jefe, que no estuviera comprometido con ninguna de las partes. Tomando en cuenta su éxito militar, este jefe era sin duda un antiguo oficial romano, un hombre rendido a la estrategia y al arte de la guerra. Pudo haberse llamado Arturo.

“LA INGLATERRA DE LOS PRIMEROS TIEMPOS

A partir del año 54 A.C. y durante algunas décadas, Julio César establece su dominio sobre la isla celta, debilitada por sus divisiones. La paz romana(“pax romana”) reina en Inglaterra, protegida de las incursiones que los pictos lanzan desde Escocia, por un inmenso muro que el emperador Adriano hace construir en el año 122. El país prospera, se levantan ciudades, se construyen caminos, las élites se “romanizan”.

Sin embargo, el imperio se debilita. En el continente, la presión de los bárbaros se vuelve cada año mayor. En el año 367, francos y sajones intentan desembarcar en Inglaterra, pero son repelidos por las legiones romanas. Sin embargo, el movimiento es irreversible, Roma agoniza. En el año 410 el Emperador Honorio llama de vuelta a las tropas estacionadas en Gran Bretaña. Abandona el país a su suerte, dejándoles a los celtas la tarea de velar por su propio destino. Comienza entonces la historia de las guerras arturianas.

 

 

 

 

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