• También en 1989, el biólogo marino francés Francois Pelletier ocupó las portadas de las revistas especializadas al descubrir en la isla de Borneo un nuevo tipo de delfín-ballena: el Pesut.
  • En 1992, una expedición del Fondo Mundial para la Naturaleza dirigida por John McKinnon, descubría en la reserva natural vietnamita de Vu Chuary una nueva especie de bóvido de 80 kgs de peso y 1,30 m de largo, desconocido hasta esa fecha. Se bautizó como Pseudoryx ngherinhensis.
  • En 1993 se descubría en la selva brasileña del estado nororiental de Maranhao una nueva especie de monos, los Cebus Kaapori, hasta entonces sólo conocida por los indios urubú ka-apor.
  • En 1994, y también en la reserva de Vu Chuary, se descubrió otro nuevo mamífero bautizado como Gigante Muntjac por casi duplicar el tamaño de los Muntiacus Muntjak, estando este nuevo animal armado de largos cuernos y púas en la frente.
  • La lista sería interminable, y sólo hemos mencionado grandes mamíferos. La cantidad de insectos, pequeñas aves o peces que se descubren anualmente a los ojos de la ciencia es mucho mayor. Estos descubrimientos suponen una buena cura de humildad para la comunidad científica, que todos los años ha de enfrentarse a nuevos hallazgos zoológicos. Evidentemente, la naturaleza todavía se reserva muchos secretos. Y en las selvas, montañas, desiertos, y sobre todo en los mares del planeta, nos aguardan sin lugar a dudas muchas sorpresas.
  • Pero indudablemente, uno de esos asombrosos hechos lo constituye la súbita reaparición sobre la faz de la tierra de animales cuya existencia sólo conocíamos por fósiles de hace millones de años. ¿Es posible que contemporáneos de los dinosaurios continúen existiendo en tierras y mares del planeta? Pues sí. El caso más conocido, la auténtica “estrella”de esos fósiles vivos es el Celacanto.

Oficialmente el Celacanto había dejado de existir hace 65 millones de años. Fósiles del Celacanto habían sido localizados y catalogados por los expertos y todavía hoy continúan apareciendo. Sin embargo, la ciencia sufrió una conmoción en 1938, cuando un grupo de pescadores capturaba en aguas sudafricanas los primeros ejemplares vivos de este excepcional pez de inquietante aspecto. 1,30 m de enigma biológico provisto de aletas lobulares y amenazadora dentadura.

Pero el Celacanto no es el único fósil vivo que atenta contra nuestro conocimiento de la historia animal. Son ya muchos los animales prehistóricos que reaparecen súbitamente en nuestro conocimiento de la naturaleza:

  • En 1958 se redescubre el kakapo, la especie de loro más pesada del mundo que con sus casi 3 kgs de peso es incapaz de volar. Este ave estaba oficialmente extinguida.
  • En 1966 reaparece otro fósil de 20.000 años de antigüedad vivito y coleando, el Opossum pigmeo, uno de cuyos ejemplares apareció, con vida, en un cubo de basura de la Universidad de Melbourne.
  •  En 1972 se descubrieron manadas de pecarí(jabalí enano americano extinguido -oficialmente- en la Era Glacial) correteando por los montes de Paraguay occidental.
  • En 1977, el zoólogo y especialista en vertebrados Dr. J.I. Menzies descubre en Nueva Guinea los fósiles de un curioso ejemplar de murciélago falto de incisivos en la mandíbula superior, de 10.000 años de antigüedad. Poco después, el mismo Dr. Menzies recibió un ejemplar vivo de esos antiquísimos fósiles que vivían en una colonia en grutas de la misma Nueva Guinea.

Escudados en estos espectaculares casos, los criptozoólogos defienden la existencia de las grandes estrellas legendarias en este campo, a saber: el Yeti y Nessie, el monstruo de lago Ness.

El “Abominable Hombre de las Nieves” y el “Monstruo del Lago Ness” han hecho correr ríos de tinta y son protagonistas de decenas de monográficos. Tanto al Yeti como a Nessie les han salido numerosos parientes por todo el globo.

El mito de los Hombres-Bestia se encuentra en infinidad de culturas. Desde el Sasquatch hasta el Bigfoot, los “primos” lejanos del Yeti, tan polémicos y escurridizos como él, se encuentran en Asia, América, África, etc.

Exactamente lo mismo ocurre con Nessie. Además del Loch Ness, otros muchos lagos y ríos de todo el planeta mantienen leyendas sobre monstruos marinos. Por ejemplo, los lagos Nahual Huapi, en Argentina o Tianchi en China.

Con relación a cualquiera de estos monstruos legendarios contemporáneos, que se suponen supervivientes de grandes animales prehistóricos, existen abundantes testimonios, fotos y filmaciones.

 

Tanto el Yeti, y más aún Nessie, se han convertido en reclamos turísticos de sus respectivos contextos geográficos. Escocia debe tantas divisas al  monstruo del lago Ness como a los fantasmas de sus castillos. Y es importante, marcar la diferencia entre estos grandes mitos criptozoológicos eminentemente comercializados por los medios de comunicación y los casos africanos o sudamericanos, los cuales, por el contrario, no han supuesto ningún beneficio económico a los testigos que afirman haberlos visto.

Estamos seguros de que tras numerosos relatos sobre extrañas criaturas en África, Asia o América se ocultan nuevas especies animales o, más interesante aún, ejemplares vivos de fósiles datados en  millones de años…

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