El mito del Gato Wampus se origina en el Estado de Tennessee, en los EE.UU. Hace muchos años, en una tribu india existía una hermosa mujer recelosa del hecho de que sólo a los hombres se les permitía salir de cacería mientras que a las féminas se les obligaba a permanecer en casa.

Un día, la mujer se cubrió con la piel de un puma para ocultarse, y salió a espiar a los hombres cuando iban de cacería. Se ocultó tras una roca, usando el color pardo de la piel para camuflarse entre los pastos altos; y espió mientras los cazadores y sabios se sentaban en torno a una fogata relatando historias sagradas y haciendo magia.

Pero, de acuerdo a las leyes de la tribu, las mujeres tenían tajantemente prohibido el escuchar las historias santas y ver la magia de los sabios. Así que cuando la descubrieron inevitablemente, el curandero de la tribu la castigó al atarla a la piel de puma; transformándola en un feroz monstruo mitad mujer y mitad gato. Luego de eso, se le condenó a vagar por las colinas, lamentándose por haber perdido su belleza.

Los años transcurrieron y la población indígena de la zona eventualmente fue reemplazada por los colonos europeos, pero el Gato Wampus seguía acechando en busca de venganza.

En cierta ocasión, un hombre cazaba cerdos salvajes y patos junto a sus sabuesos, cuando los dos caninos salieron huyendo despavoridos hacia los bosques. El cazador se asustó, pues el bosque en torno a él se impregnó de un fétido olor mezcla de pelo mojado, aguas pantanosas y un zorrillo. Entonces, algo aulló a la distancia detrás de él. Pensando que se trataba de un lobo o un oso, el cazador giró sobre de sí mismo, rifle en mano y apuntando hacia el camino de terracería por donde había venido… lo que vio desafió toda explicación, y lo hizo dejar caer el arma. Tras él, se encontraba el terrible Gato Wampus con sus ojos amarillos y boca chorreando saliva apestosa. Parecía un león de montaña, pero caminaba en dos piernas como un hombre.

La bestia aulló de nuevo, desafiante, y el hombre gritó de terror.

Soltando alaridos de miedo, el cazador saltó hacia atrás y corrió por los bosques tan rápido como pudo, con el Gato Wampus corriendo tras él. Alcanzó a llegar a la cabaña de un amigo que vivía cerca de ahí, y apenas entró cuando se encontraba a punto de ser atrapado por el espantajo.

Sin saber qué otra cosa hacer, ambos hombres tomaron una Biblia y recitaron fuertemente los Salmos a la vez que el Gato Wampus lanzaba zarpazos a los muros de madera y rugidos coléricos en el exterior. Por obra de las palabras sagradas, el gato lanzó un aullido de frustración y volvió a los bosques.

El cazador pasó el resto de la noche en casa de su amigo. Al volver a casa luego del amanecer, halló a sus perros acurrucados en el interior de un granero, asustados pero vivos. Y ese día el cazador prometió algo que cumplió por el resto de su vida.

NUNCA VOLVERÍA A CAZAR AL ANOCHECER.

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