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LAS AMAZONAS

Todo buscador de “El Dorado” debía someterse a un sin número de escollos y peligros, producto de la espesa selva y la manifestación de un sin fin de especies animales en estado salvaje, capaces de hacer todo por salvaguardar su territorio.

Pero en el año 1542, el español Francisco de Orellana navegando por el río Marañón hasta encontrar su desembocadura en el -hasta entonces- desconocido río más largo del mundo, se sorprendió al observar cómo por las orillas circulaban un grupo de mujeres guerreras diferentes a cualquier tribu existente en esos sectores. Este hallazgo no fue nada de fácil, ya que prontamente se vieron atacados por este grupo que poseían una destreza sin igual en el uso del arco y la flecha.

Gaspar de Carvajal, capellán de la expedición narró lo siguiente:

“Sabida nuestra venida -consigna en su diario-, vanies a pedir socorro, y vinieron hasta 10 o 12, que éstas vimos nosotros, que andaban peleando delante de todos los indios como capitanas”.

“Estas mujeres son muy blancas y altas -añade-, y tienen un largo cabello y andan desnudas, tapadas sus vergüenzas, con sus arcos y sus flechas en las manos, haciendo tanta guerra cada una como 10 indios”.

CRÓNICAS DE LA EXISTENCIA DE LAS AMAZONAS

No sólo Francisco de Orellana relata el encuentro con esta etnia de mujeres blancas, también nos encontramos con otros cronistas y exploradores que dejaron un registro de sus experiencias…

En 1543, Irala, embarcándose en el río Paraguay, en compañía del adelantado Nuñez Cabeza de Vaca, oyó hablar de “mujeres que pelean como hombres y que son muy valientes y guerreras, y que son señoras de mucho oro y plata”.

Díaz de Guzmán, en 1612, agrega que se hacían extirpar el seno derecho para utilizar de mejor forma el arco y la flecha, no hay duda que esta información la toma de la fábula de Heródoto y Diódoro de Sicilia.

El portugués Pedro de Texeira exploró el Amazonas, remontándolo desde su desembocadura hasta el interior, dirigiéndose luego a Quito. Adverido de esto el virrey, y temiendo que tropa tan numerosa pudiera tomar posesión de algún territorio oriental, le impuso, a su regreso, la compañía de 2 jesuitas, uno de los cuales, Cristóbal de Acuña, llevó una crónica del viaje.

El relato de Acuña es muy preciso, con muchas informaciones valiosas sobre los habitantes, la flora y la fauna de la amazonía. Dentro de sus relatos hace la siguiente reflexión:

“Los fundamentos que hay para asegurar provincia de Amazonas en este río son tantos y tan fuertes, que sería faltar a la fe humana no darles crédito”.

Humboldt, en su célebre viaje por la Amazonía, menciona brevemente a las Amazonas, sin expresar ninguna duda en cuanto a su existencia. Se limita a indicar las zonas en que se advirtió de su presencia.

La existencia de esta enigmática tribu de mujeres blancas y guerreras siempre quedará en el baúl de los misterios, hasta que se logre comprobar su realidad, ya sea pasada como presente.

ANIMALES EXTRAÑOS

No hay duda que la ciencia al oír hablar de la selva del Manú, levanta sus ojos en son de interrogación, ya que las distintas especies de animales que se yerguen en esos sectores son realmente inimaginables…

Los biólogos modernos hoy creen en la posibilidad de que sectores inexplorados de la selva tropical puedan guardar especies que hubiesen sido extintas oficialmente, o que incluso hasta nuestros días no conociesen. De esta forma las teorías que plantean que aún es posible encontrar animales prehistóricos no son de lo más descabelladas.

En el año 1997 a orillas de un pueblo amazónico peruano se concentró un grupo importante de militares preocupados por un evento que comprometía a uno de estos mitológicos animales, el cual había dejado una huella que más tarde por las lluvias se convertía en riachuelo. Era el paso de una anaconda de dimensiones gigantescas, la cual fue observada por una gran cantidad de indígenas atónitos que no podían creer cómo las historias de sus padres y abuelos se hacían realidad. Según las informaciones esta serpiente de zonas húmedas medía más de 40 m de largo…

Las leyendas que hablan de serpientes gigantes en la selva amazónica son muchas, incluso sólo basta recordar la narración del ya mencionado explorador inglés Percy Fawcett, el cual en una de sus exploraciones en barcaza por los ríos amazónicos se encontró con una anaconda que se elevaba en su dimensión, llegando a más de 20 m. Según Fawcett, su rifle y una puntería de tipo militar, los salvó del ataque de tan horroroso animal.

Otros animales que han preocupado a un gran número de exploradores e indígenas es la existencia del Mapinguari, una especie de mono erecto, semejante al legendario Bigfoot o Pie Grande de las tradiciones americanas. Este misterioso Homínido ha sido visto por muchos campesinos en sectores boscosos y alejados de la mano del hombre. Según plantean las narraciones este animal sería extremadamente hostil, repeliendo un hedor que puede ser reconocido a muchos metros de distancia.

Así, tratando de resumir, las distintas narraciones que plantean la presencia de animales extraños son extremadamente comunes en estas zonas, donde la mano del hombre no tiene mayor acceso, por lo que no escaparía a la lógica, que las distintas especies trataran de replegarse, logrando con ello sobrevivir un tiempo más…

UN MUNDO INTRATERRENO

Parte de las historias que llaman más la atención es la que nos sumerge en la posibilidad de que la selva sea el gran receptor de un importante grupo de galerías subterráneas que conectan unas con otras hasta llegar a su más trascendental base llamada por muchos Paititi. Este gran reino sería el custodio de una cultura que posee uno de los tesoros más relevantes e importantes de la Humanidad, y que es su propia historia, un conocimiento capaz de sacar al ser humano de su letargo y ponerlo nuevamente en el camino que jamás debió perder… El Agartha de los tibetanos, el Shangri-La de los hindúes, se habría trasladado a Sudamérica, y su centro sería hoy en día el Paititi. Una ciudad que de una u otra forma alberga a miles de seres de distintas razas, los cuales poseen una evolución mental y espiritual más desarrollada que el común de las personas.

La historia comienza con la migración Atlante a estas zonas logrando con ello comenzar el desarrollo de un conjunto de seres que en el futuro pudieran resguardar ese conjunto de tablas que conocemos como “El Libro de los de las Vestiduras Blancas”, y que en futuro entregarían la posta a seres híbridos de extraterrestres y terrestres, denominados Estekna-Manes, quienes actúan como Maestros del conocimiento esperando a los representantes de la raza humana para acceder a tan trascendental información.

Para este tipo de objetivos se han realizado varias expediciones, tratando con ello de conectar con esos seres que viven dentro del Paititi. Una de las más importantes la realizó el peruano Ricardo González en agosto de 1996 junto con un grupo de uruguayos.

Tratando de reconocer los Petroglifos de Pusharo se encontraba a plena luz del día este muchacho de 22 años cuando sintió un ruido hacia sus espaldas, y al pensar que se podía acercar algún animal salvaje tomó un palo. Cuanta sería su sorpresa al observar que se alzaba delante de sus ojos un hombre de apariencia oriental, vestido con túnica y un sombrero tipo mandarín que le entregó valiosa información. En su libro los Maestros del Paititi, Ricardo González narra lo siguiente:

“Grande e indescriptible fue mi sorpresa cuando al voltear me encontré frente a una persona, rodeada de una intensa luz dorada; esta sorpresiva visita se encontraba a unos 10 m de ubicación, levantó su mano izquierda y la luz que lo envolvía, que hasta ese momento permanecía concentrada en torno suyo, se abrió, iluminando la roca de Pusharo. Entonces pude ver con mayor claridad los rasgos del ser que estaba frente a mí”.

Dentro de las cosas que podríamos rescatar se encuentra el destino del Disco Solar, el que se cuenta habría sido llevado por los Incas desde el Koricancha hasta las bases de Paititi, aguardando el día en que el Inacarri, o Inca Rey retorne para restablecer el orden perdido.

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